El último acto

Cirano y René se conocían desde que tenían uso de razón. De familias vecinas, se habían criado prácticamente juntos en Girona, una pequeña ciudad a pocos kilómetros de Barcelona.

Desde pequeños pasaban horas y horas jugando en la calle y con el tiempo desarrollaron una gran pasión y consecuente habilidad para trepar, escalar y hacer equilibrio. Se subían prácticamente a cualquier escalera, baranda, terraza o estructura que se interpusiera en su camino.

Todavía de chicos, su vida les cambió por completo. Fue cuando el padre de René los llevó a ver el circo que visitaba la ciudad. Completamente deslumbrados, René de 8 años y Cirano de 9, habían decidido dedicar sus vidas al circo una vez finalizado el espectáculo. Sigue leyendo

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