Twitteros K

Ayer Jorge Lanata en su programa de Canal 13, PPT Periodismo Para Todos, realizó un extenso informe desenmascarando una red de “twitteros truchos”.

La introducción del informe, que a continuación dejo para quienes no pudieron verla, parece en muchas partes improvisada, y además en ella se arrojan datos extremadamente imprecisos, como por ejemplo “hay entre 400.000 y 1.000.000 de usuario de Twitter en Argentina” o bien, la definición de los llamados TrendingTopics. Sigue leyendo

¡Censura ya!

Al leer el título que lleva este post, que por el contrario a la mayoría de los anteriores se escribió a partir de su título, pensarás que me volví completamente loco. Si, una vez más probablemente estés intentando adivinar qué fue lo que se me cruzó por la cabeza al pedir censura a los gritos. Pero no me volví loco por realizar este pedido, o al menos eso creo.

El pedido de censura es para determinadas palabras que hoy utilizamos con extrema impunidad, y no me gusta que así sea.

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Cuando el lunes dejó de ser lunes

Lógicamente un día dijo basta. El lunes se cansó de ser lunes, y se rehusó a seguir teniendo en la semana la posición que tenía. Así de simple, el lunes quería dejar de ser lunes.  Y ante este planteo casi incoherente, fue el martes el que vio su oportunidad. Claro, el martes y miércoles, días intrascendentes si los hay, buscaban un mayor protagonismo y no dudaron en disputarse el lugar vacante. Finalmente fue el martes quién, apañado por la alianza que desde siempre tuvieron viernes y sábado, tomó el lugar al que el lunes había renunciado. Sigue leyendo

La mitad vacía del vaso

Hoy me levanté con ganas de escribir, pero de escribir en serio. Agarrar un cuaderno, una birome y dejar que mi mano y la tinta vayan contando las cosas que siento o pienso. Hoy dejo de lado todo lo que hasta acá había hecho, ya que esto no es un cuento, ni una metáfora de nada, sino que es bien literal.

Al levantarme hoy y ser mi primera acción del día revisar el celular y prender la computadora, se me dio por mirar la mitad vacía del vaso del mundo digital, virtual, o como quieran llamarle. Alguna vez George Orwell imaginó un mundo controlado por un Gran Hermano, Gran Hermano del que hoy estamos presos, y, aunque no quieran aceptarlo, voluntariamente. Innegables son las ventajas que nos ofrecen las computadoras y el internet, pero es alto el precio que estamos pagando. Muchos de nosotros vivimos pendientes de este mundo virtual, que nación hace relativamente poco y crece a pasos agigantados.

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Dientes

El edificio era extremadamente antiguo, pero estaba bien conservado. Las anchas escaleras del salón, de escalones bajos y pequeñas barandas incorporadas, se encontraban majestuosamente adornadas. A pesar que la noche era helada, el interior de la vieja casona conservaba muy bien la temperatura permitiendo que la fiesta se lleve a cabo con toda normalidad.

La elegancia de los invitados me hacía sentir dentro de una película ambientada. Las mujeres iban de vestido largo, muy arregladas, con sus mejores joyas a cuestas. Los hombres vestían impecables trajes, en su mayoría especialmente diseñados para la ocasión.

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Todos Locos

Más de una vez lo habían tratado de loco, pero nunca lo había considerado demasiado importante. Nunca había pasado de sufrir acusaciones del estilo “vos sos un demente” o tener que callar respuestas a preguntas como “¿vos sos loco o pelotudo?”.

Esas cosas le molestaban por demás. Cuando tenía una idea, pensamiento o incluso sentimientos diferentes a los del resto de las personas automáticamente se dudaba de su cordura. “¿Y quién no ha tenido pensamientos o sentimientos diferentes a los del resto alguna vez? “”¿Significa que todos estamos locos?” y demás preguntas del estilo asaltaban su cabeza constantemente.

Ahora, y con el correr del tiempo entendía que tenía que estar en un lugar como en el que se encontraba, rodeado de gente como él.  Miró a su alrededor, y se detuvo un instante a observar: vio gente que hablaba sola mientras caminaba, otros que les hablaban a algún objeto inanimado creyendo que en verdad se comunicaban con alguien, y algunos apurados para llegar a ninguna parte. Había otros que repentinamente rompían en llanto, y algunos que estallaban en carcajadas aparentemente sin sentido alguno. Recordó en un momento cientos de situaciones donde se había comportado de aquella manera, o incluso más extrañamente.

Sumido en su locura veía como el mundo seguía su curso, ignorándolo por completo, y se sintió solo en aquel lugar, aunque entendía el actuar de las personas, porque él hacía exactamente lo mismo. Sin embargo todavía había cosas que no entendía, como por qué sus paredes no eran acolchonadas, su camisa de fuerza se usaba con saco y corbata y a su enfermera le regalaban flores el día de la secretaria.

Juicio Interior

Desde el estrado sólo veía sonrisas. El juicio era oral y público, y el tribunal estaba lleno. Le resultaba casi inverosímil todo lo que estaba sucediendo, pero la realidad era que la fiscalía había solicitado la pena de muerte para él.

El abogado querellante se puso de pie. Lo miraba fijamente, sin dejar de mostrar su reluciente dentadura. Caminó en silencio unos instantes, como si meditara algo, y finalmente comenzó con su interrogatorio.

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