Cenizas

Qué momento de mierda ese en el que nosotros, los que encontramos un respaldo en el cuaderno y la birome, nos sentamos a escribir y no sabemos qué escribir. O peor. Nos sabemos cómo escribir eso que tenemos atragantado.

Es desesperante. Ahoga. Y te hace sentir un pelotudo también. Un monigote que a través de burdas señas o gestos ampulosos trata de explicar lo inexplicable.

Te desorienta. Te hace perder el foco, y en lugar de explicar eso que te pasa, te encontrás balbuceando una excusa sobre por qué no podés expresar de forma coherente eso que te quedó en el pecho. Te hunde.

Y en mi caso, ese espiral a la nada misma, terminó una vez más en el balcón de casa. Todavía me cuesta comprender cómo en tan poco tiempo un lugar antes desconocido, inexistente, se transformó en refugio, en vía de escape y muchas veces, en fuente de inspiración.

Y apoyado en la baranda, boludeando con un cigarrillo, me detuve en las cenizas. Reza uno de los tantos (estúpidos) dichos populares que “donde hubo fuego, cenizas quedan”. No en el caso de mi balcón, porque en lugar de quedar, las cenizas suelen caer siete u ocho metros hasta la vereda, pero ese no es el punto.

El punto es que me sentí ceniza. Sentí que ya no hay fuego. Que hoy soy el resabio de aquel tipo apasionado que alguna vez supe ser. Y me convenció esa explicación. Hoy soy la ceniza que quedó tras el fuego. Angustiado por trivialidades (las mismas que a veces traen felicidad) floto frágil hacia el vacío, hacia ese destino invencible que a todos nos espera.

¿Dónde quedó el fuego? ¿En qué momento se apagó? ¿No es un poco temprano para quedarse sin nafta?

Obviamente las preguntas son todas retóricas, aunque nafta venden en cualquier esquina, últimamente, a precios desorbitantes. Sin embargo, sentado en la fría baldosa del balcón (y aunque no parezca para quién mira desde abajo) en la cabeza tengo una autopista. Un quilombo de idas y venidas, bocinazos, puteadas y a veces choques. Que a veces fluye, a veces demora y a veces acelera los tiempos de viaje. Pero otras veces no conduce a nada. Como esto, esto que ahora escribo que no tiene remate, no va a ningún lado. No es cuento, no hay metáfora. No es catarsis, no es ficción ni realidad. Simplemente es algo más.

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4 comentarios en “Cenizas

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