El último acto

Cirano y René se conocían desde que tenían uso de razón. De familias vecinas, se habían criado prácticamente juntos en Girona, una pequeña ciudad a pocos kilómetros de Barcelona.

Desde pequeños pasaban horas y horas jugando en la calle y con el tiempo desarrollaron una gran pasión y consecuente habilidad para trepar, escalar y hacer equilibrio. Se subían prácticamente a cualquier escalera, baranda, terraza o estructura que se interpusiera en su camino.

Todavía de chicos, su vida les cambió por completo. Fue cuando el padre de René los llevó a ver el circo que visitaba la ciudad. Completamente deslumbrados, René de 8 años y Cirano de 9, habían decidido dedicar sus vidas al circo una vez finalizado el espectáculo.

Todas las tardes, al regresar de la escuela, los pequeños montaban su propio show circense que tenía por público a otros 4 o 5 chicos de su barrio. Con una galera que había encontrado en un viejo baúl que había en su casa, el show comenzaba con Cirano haciendo las veces de presentador, mientras que René era el primero en salir a escena. Finalizada la rutina, y tras los aplausos del público, los roles se intercambiaban y Cirano verdaderamente se lucía con su acto.

Tan espectacular era la rutina que este pequeño de tan solo 9 años exponía que por sus impresionantes y arriesgados saltos, punto sobresaliente de su show, en el barrio habían comenzado a apodarlo “El Cometa”.

Las rutinas de ambos mejoraban y no pasaron muchos años para que estos dos chicos dejaran Girona persiguiendo su sueño. Con 16 y 17 años, René y Cirano viajaron a Barcelona para unirse al circo de Pablo, un hombre calvo, bajito y algo excedido de peso. Su circo había sido muy exitoso tiempo atrás, pero la falta de nuevas atracciones lo había llevado prácticamente a la ruina.

Sin embargo, a Pablo le habían caído del cielo dos brillantes equilibristas, que rápidamente se convirtieron en estrellas y prometían llevar su circo nuevamente a las primeras plantas del mundo del entretenimiento ambulante.

El espectáculo que ambos jóvenes presentaban tenía su zenit en una espectacular rutina de acrobacias, que culminaba cuando, sin ningún elemento de seguridad que lo proteja, “El Cometa” saltaba al vacío desde una plataforma situada a más de 15 metros de altura para ser atrapado en pleno vuelo por René que se balanceaba en un trapecio.

En medio de un silencio sepulcral, René continuaba balanceándose hasta depositar a su compañero en otra plataforma, momento en que el silencio era roto por la ovación del público presente.

Era simplemente impactante ver como Cirano confiaba ciegamente su vida en las manos de su amigo. Nunca ninguno de los dos había contemplado siquiera la posibilidad de fallar y veían casi con normalidad el hecho de arriesgar su vida en cada acto. De todas maneras, ninguno de los dos concebía su vida sin el otro.

En pocos años el circo de Pablo volvió a ser un éxito en toda España gracias a las acrobacias de René y Cirano. El éxito, les trajo a los pequeños de Girona toneladas de dinero, y por sobre todo, hizo que comenzaran a llamar la atención del público femenino.

Fue así como una hermosa noche de Mayo durante su estadía en Madrid, René conoció a una bella muchacha llamada Paula. Paula tenía en aquel momento 23 años, al igual que René, y se dedicaba a realizar todo tipo de artesanías que los domingos vendía en “El Rastro”, un tradicional mercado al aire libre madrileño.

Completamente enamorada, Paula no dudó en incorporarse a la gira del circo de Pablo con tal de no separarse de René.

Los meses siguientes al acople de Paula a la gira se sucedieron con increíble rapidez, y la feliz pareja circense comenzaba a planear su boda para el final de la temporada. La idea del casamiento de Paula y René emocionaba a toda la compañía excepto a una persona: Cirano.

No fueron pocas las discusiones entre Cirano y Paula a lo largo de aquellos meses. Era lógico que Cometa se sintiera desplazado por aquella muchacha que le había robado el corazón a su amigo, sin embargo sus celos muchas veces se volvían incontrolables.

Paula en cambio, parecía disfrutar la competencia que había generado con el equilibrista. Constantemente provocaba a Cirano, que inteligentemente comenzó a esquivar estas provocaciones con tal de no lastimar a su amigo.

De a poco Cometa fue intentando agradarle más a Paula, sabiendo que la felicidad de René también lo hacía feliz a él. Fue así como una cálida noche de agosto, y cuando René se encontraba en cama por un fuerte estado gripal, Cirano invitó a Paula a cenar, con el objetivo de limar sus asperezas para poder compartir sus vidas sin tantos altercados.

La morocha madrileña llegó con inglesa puntualidad a la esquina donde Cirano la esperaba apoyado contra la pared, y sin mediar palabra alguna lo besó apasionadamente. Sorprendido, el equilibrista retrocedió unos pasos y contempló a la bellísima mujer que se encontraba frente a él. Llevaba un precioso vestido negro que resaltaba su perfecto cuerpo.

Pero lejos de detenerse en las curvas de tan hermosa mujer, lo que más lo cautivó fueron los ojos de Paula. En realidad, más que los ojos fue la profunda, intensa y sensual mirada con la que aquella mujer lo observaba. Sin comprender lo que pasaba, pero seguro de lo que sentía, fue Cirano quién de un momento besó con desenfreno a Paula, por esa noche se entregó enteramente a ella.

Pasados unos días, un René ya repuesto de su gripe, propuso a Pablo que el circo visite Girona para terminar la temporada. ¿Qué mejor manera de cerrar otro exitoso año que recibiendo el cálido aplauso de sus familiares y amigos? Además, aprovecharía el paso por su ciudad natal para llevar a cabo la boda con Paula y dar una gran fiesta antes del inicio de la nueva gira.

Siendo condescendiente con su estrella, Pablo aceptó de muy buena gana y toda la compañía llegó a Girona para brindar su último espectáculo antes de unas merecidas vacaciones. La relación entre Cirano y Paula había mejorado notablemente, y ahora era René el que no estaba conforme con eso. Ya no le hacía ninguna gracia en la forma en que se sonreían, se miraban y se trataban su futura esposa y su mejor amigo, y comenzó a sospechar que algo le estaban escondiendo.

Aunque no conforme con su propia actitud, una de las tardes de las que disponían libres, René fingió un corto viaje. Diciendo que tenía que ver a un viejo amigo en las afueras de la ciudad, dejó solos a Paula y Cirano en el campamento del circo, ya que pese a estar en Girona habían decidido seguir viviendo junto al resto de la compañía.

Dejó pasar unos minutos, y sigilosamente entró a la casa rodante donde vivían cuando estaban de gira y vio como Paula y Cirano se besaban con fogosidad. Sin decir una palabra, y haciendo el menor ruido posible para no ser descubierto, René dejó solos al amor de su vida y su mejor amigo.

La noche siguiente era la última función de la temporada. El circo estaba repleto de gente que sólo quería ver a aquellos chicos que siendo niños habían empezado sus carreras por las calles de Girona y llegaron a convertirse en los equilibristas mas exitosos de toda España.

El show era impecable como siempre, con decenas de artistas en escena que con muchísimo profesionalismo habían hecho disfrutar al público como pocas veces, sin embargo, el plato fuerte estaba por venir.

Con su impresionante voz Pablo presentó el cierre del espectáculo, las luces se apagaron, y un potente reflector iluminó a Cirano que se encontraba ya subido a la plataforma dispuesto a saltar. Una tensa melodía volvía aún más dramático el acto, y tenues luces comenzaron a iluminar la inmensa carpa. Fue así como balanceándose en su trapecio apareció René en escena.

El volumen de la música crecía y comenzaron a sonar redoblantes anunciando el inminente salto del Cometa. Con la mirada fija en un horizonte imaginario, Cirano se acercó al borde de la tarima y saltó al vacío en busca de las manos de René.

Y una vez más, ahí estaban las manos de su mejor amigo. El público estalló en gritos y aplausos celebrando la nueva proeza de los equilibristas de Girona. René depositó a Cirano sobre la plataforma, pero modificando el acto original, bajó con él y lo miró directamente a los ojos.

De inmediato Cirano entendió todo y temió por lo que René pudiera llegar a decirle. Sin embargo, y sin decir tan sólo una palabra, René bajo lentamente la escalera de la plataforma y salió por la puerta principal de la carpa totalmente ajeno al público que aún aplaudía. Jamás volvieron a verlo.

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6 comentarios en “El último acto

  1. He leído todos tus escritos, tantos los de aquí como los artículos deportivos. No hay duda joven que tienes mucho talento. Me disfruté la historia y a pesar que pensé en un principio que era una narración clichosa, me sorprendió el final, ya que uno espera que lo dejara caer o le diera una golpiza. Pero la grandeza de la amistad va más allá de la violencia o venganza. Qué mejor castigo que no volver jamás a trabajar con él en el circo. Wow que gran lección!!! Enhorabuena.

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