¡Censura ya!

Al leer el título que lleva este post, que por el contrario a la mayoría de los anteriores se escribió a partir de su título, pensarás que me volví completamente loco. Si, una vez más probablemente estés intentando adivinar qué fue lo que se me cruzó por la cabeza al pedir censura a los gritos. Pero no me volví loco por realizar este pedido, o al menos eso creo.

El pedido de censura es para determinadas palabras que hoy utilizamos con extrema impunidad, y no me gusta que así sea.

Muchísimas de las palabras que hoy utilizamos simplemente se inventaron para darle nombre a una cosa, como es el caso de una mesa, un cuaderno o la birome con la que estoy escribiendo esto en lugar de prestar atención a Economía Mundial I. No existe ninguna connotación filosófica, sentimental o alguna dimensión profunda de la palabra “mesa” y aunque no es mi intención desmerecer a una mesa, no es más que un mueble.

Sin embargo, existen determinadas palabras (son las menos) que encierran un significado tan profundo que a menudo no podemos explicar, y casualmente, la mayoría de estas pocas palabras intentan darle nombre, darle entidad a algo intangible.

Entonces, que injusto resulta que palabras que cargan con una responsabilidad tan grande se encuentre hoy tan devaluadas. A veces me parece que hoy un “te amo” está a la altura de un “¿tenés fuego?” o veo personas que, como alguna vez soñó Roberto Carlos, tienen un millón de amigos.

No puede ser así. No tiene que ser así, o no debería ser así. Y no se me ocurrió otra alternativa que censurar este tipo de palabras. Si, prohibirlas, proscribirlas o como quieras llamarle.

Entonces, y antes de dudar de mi cordura una vez más, imaginá que tu libertad está en un juego, y pensá cuántas veces dirías “te amo” o a cuántas personas llamarías “amigo”. Seguramente parezca cruel y puede que así lo sea. Pero no encontré alternativa mejor para que dejemos de utilizar con tanta impunidad palabras que deberían estar reservadas para esas personas o momentos en particular. Y, casualmente, son esas personas o momentos los únicos por los que seríamos capaces de arriesgar nuestra libertad.

Me echan de la facultad, así que acá termina esto que no es cuento, no es metáfora, es simplemente algo más.

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4 comentarios en “¡Censura ya!

  1. No está loco el que dice lo que piensa cuando le sale del corazón. Estoy de acuerdo contigo.A mis 56 años recién cumplidos, me fastidia el manoseo absurdo del verbo amar y el término amistad. Mis dedos de la mano me sobran para enumerar a mis amigos. En especial cuando se les hace tan fácil mentir sobre sus sentimientos y para traicionar con maestría. Es muy cierto lo que expresas en este simple pero auténtico artículo. Respira y sigue siendo tú no importa las consecuencias. Te felciito y sigue cultivando las letras Juanfra, lo haces de maravilla!

  2. Sil Miori dijo:

    Precioso todo lo que escribis nene!!!! siempre veía el link, pero por colgada, no leía…hace una hora que te estoy leyendo y me encanta todo!
    Te felicito, divino poder expresarse y compartirlo! besos Juanfra!

  3. Javier Hurtado dijo:

    Me parece bien, ya está bien de abusar de un uso inadecuado del lenguaje. La culpa es del facebook ese y de internet ahora todo el mundo tiene un millón de amigos y un millón de amores y claro todo se llena de confusión.

    Estupenda entrada. Un saludo

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