Cuando el lunes dejó de ser lunes

Lógicamente un día dijo basta. El lunes se cansó de ser lunes, y se rehusó a seguir teniendo en la semana la posición que tenía. Así de simple, el lunes quería dejar de ser lunes.  Y ante este planteo casi incoherente, fue el martes el que vio su oportunidad. Claro, el martes y miércoles, días intrascendentes si los hay, buscaban un mayor protagonismo y no dudaron en disputarse el lugar vacante. Finalmente fue el martes quién, apañado por la alianza que desde siempre tuvieron viernes y sábado, tomó el lugar al que el lunes había renunciado.

La semana comenzaba ahora con un martes radiante, porque claro, a pesar de ser insultado, odiado e indeseado, era protagonista, y ese protagonismo lo hacía feliz.

El que no estaba para nada feliz era el domingo, que en su tarde cedía el protagonismo al lunes y ahora debía hacerlo al martes. Con el lunes, se llevaba bien, pero con el martes no, y puso el grito en el cielo ante el viernes y sábado por los cambios que se habían realizado. El sábado intentó hacerle ver al domingo que era un día de descanso ya que la mayoría no trabajaba, a lo que el domingo le respondió que si el tema era que la gente no trabaje, podían cambiar el lugar.

Obviamente el sábado se niega a tal cambio. El sábado es sábado y no se piensa en otra cosa que en el sábado. Total, al otro día es domingo y se descansa, así que el sábado no pensaba renunciar a la comodidad y protagonismo de ser sábado.

Disconforme, el domingo decide intentar romper la sociedad que mantenían el viernes y el sábado. Para ello no tuvo mejor idea que hacerle ver al viernes que el sábado tenía mayores privilegios. Los sábados no hay bancos, no hay administración pública, casi no se hacen trabajos de oficina o se trabaja la mitad del tiempo.  No se piensa en el ayer, ni tampoco en el mañana.

El plan del domingo resultó a la perfección: enojado, y herido por sentirse tonto, el viernes disputa su lugar al sábado, disolviendo la alianza que hasta el momento mantenían.

El que estaba sumamente disgustado era el miércoles. A pesar de que a veces se consolaba con el funcionar a modo de “punto de inflexión” en la semana, en el fondo sabía que no era para nada importante. Tanto es así, que solo por el hecho de tener un cambio, le propone al jueves, que hasta el momento se mantenía al margen, un cambio de posición.

Ante la negativa del jueves que estaba conforme con su situación actual, miércoles le propone un cambio al lunes, que en busca de mayor comodidad, acepta de muy buen gusto. A esta altura, la semana empezaba por el martes, seguía con miércoles, lunes y jueves, y sin cambio alguno se mantenían viernes, sábado y domingo.

Sin embargo la tranquilidad duró poco. El lunes, ya aburrido de la comodidad, fue en busca de más. Y con la experiencia anterior, comenzó a quejarse intentando quedarse con uno de los lugares que actualmente ocupaban viernes y sábado, los de mayor protagonismo en la semana.

La negociación fue durísima, ninguno quería ceder. Firmes en su posición, el viernes y el sábado le ofrecen al lunes tomar el lugar que actualmente tenía el jueves, mostrándole que ese lugar es también distendido, y la gente ya piensa en el fin de semana. De mala gana, pero reconociendo que ya tenía más de lo que esperaba el lunes aceptó.

El que no quería saber nada era el jueves. Claro, el lunes el viernes y el sábado tenían todo arreglado, pero nadie le había preguntado al jueves. Y el jueves quería seguir estando donde estaba. Se sentía tranquilo y seguro, por lo que no pretendía ni más ni menos.

El lunes no dudó en seguir insistiendo, despertando la curiosidad del resto de los días. Algunos, como el domingo o el mismo jueves, se ofendían por los constantes reclamos. Sin embargo el martes, lejos de ofenderse, comenzó a preguntarse porque habiendo conseguido lo que quería, el lunes seguía buscando más. Y porqué él debía conformarse con lo que tenía.

Así fue como el martes empezó a disputar también uno de los lugares de privilegio, creyendo que iba a poder aguantar una hipotética nueva posición.

De pronto, todo era un caos. Peleas, gritos, discusiones, inconformismo, intolerancia. Cualquier planteo descabellado podía esperarse. Y en medio del caos fue el domingo el que tomó la iniciativa. Si, el domingo. El único día de la semana cuya posición no había sido ostentada fue el primero en reflexionar sobre porqué hasta el momento cada uno ocupaba el lugar que tenía, y decidió intentar volver a la normalidad.

Para ello contaba con el apoyo del jueves, que, a pesar de la seguridad que sentía en su posición estaba cansado de los conflictos. Ambos, fueron los encargados de, en primer lugar hablar con el martes y el miércoles.

Les hicieron notar que no podían cargar con la responsabilidad de la posición que ostentaban. Les mostraron las cualidades del viernes y el sábado para sobrellevar la presión de la posición. De esa manera, el martes y el miércoles no tuvieron más remedio que aceptar volver a su posición habitual.

Después fue el turno de viernes y sábado. El domingo les hizo notar que tenían una posición de privilegio que no valoraban, y que dependían de cada uno de los restantes días para ser quienes eran. Así fue como los conflictos entre ellos cesaron, y comenzaron a respetar al resto.

Mucho más difícil fue la negociación con el lunes, que no quería aceptar su lugar. No fue sino hasta que el domingo apeló a la vieja amistad que mantenían que el lunes cedió. Astuto, el domingo fue llenando de elogios al lunes, le mostró como era el mejor en lo que le tocó. Nadie podía soportar tan estoicamente ese lugar como el lunes lo hacía. Y sintiéndose importante, respetado y reconocido el lunes volvió al lugar que nunca debió abandonar.

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5 comentarios en “Cuando el lunes dejó de ser lunes

  1. moni0123 dijo:

    Me gustó tu cuento y sabes? yo si lo he pensado… te los voy a contar:

    Para mi los jueves son como el comienzo de la primavera, me llenan, aunque aun este haciendo frio y ya este cansada, se que pronto llegará el viernes y el sábado y la mañana del domingo…
    Sin embargo la tarde del domingo es como el comienzo del otoño…
    las ganas empiezan a cambiar de color y ese viento frio de lunes me quitan las ganas…

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