La mitad vacía del vaso

Hoy me levanté con ganas de escribir, pero de escribir en serio. Agarrar un cuaderno, una birome y dejar que mi mano y la tinta vayan contando las cosas que siento o pienso. Hoy dejo de lado todo lo que hasta acá había hecho, ya que esto no es un cuento, ni una metáfora de nada, sino que es bien literal.

Al levantarme hoy y ser mi primera acción del día revisar el celular y prender la computadora, se me dio por mirar la mitad vacía del vaso del mundo digital, virtual, o como quieran llamarle. Alguna vez George Orwell imaginó un mundo controlado por un Gran Hermano, Gran Hermano del que hoy estamos presos, y, aunque no quieran aceptarlo, voluntariamente. Innegables son las ventajas que nos ofrecen las computadoras y el internet, pero es alto el precio que estamos pagando. Muchos de nosotros vivimos pendientes de este mundo virtual, que nación hace relativamente poco y crece a pasos agigantados.

Tan dependientes nos volvemos, que incluso se nos imponen necesidades que antes no teníamos. La principal, la necesidad de estar conectados las 24 horas del día. La discusión sobre que parte de esas 24 horas realmente necesitamos estar conectados podría llevar días y días, y nunca llegaríamos a un acuerdo. Mucho más tiempo nos llevaría el debate sobre qué tiempo realmente dedicamos a aprovechar las ventajas y facilidades que nos ofrece este mundo y que parte del tiempo que pasamos conectados desperdiciamos autogenerándonos esas necesidades de las que anteriormente hablaba.

Hoy en día, internet nos acerca la amistad de personas que probablemente nunca conozcamos (punto que también es discutible), convierte personas en ídolos con increíble facilidad, y con la misma facilidad hace caer a otros, y todo desde el teclado de alguien y los monitores de todos.

Sin embargo, la mayoría de quienes lean esto, lo harán desde un monitor, gracias a que un teclado me permitió tipearlo e internet me dio la difusión. Y no por ello todo lo anteriormente escrito se vuelve irónico o contradictorio, sino que la difusión de ideas es una de las partes que llenan la mitad del vaso y además, todas estas palabras fueron previamente  escritas en tinta azul sobre un cuaderno cuadriculado.

Para ir redondeando, les dejo a continuación la canción que un poco motivó esta reflexión. Se llama “Leer y Escribir!” y pertenece al disco  “Desafíos” de Las Pastillas del Abuelo, y los invito a dar su opinión desde los comentarios, que por cierto mucho me interesa.

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3 comentarios en “La mitad vacía del vaso

  1. Cin dijo:

    Como todo en la vida, hay que buscar un equilibrio.. si estar las 24hs comunicados, implica que se pierda otro tipo de comunicación, con el entorno próximo, el contacto con lo que podemos ver, sentir o apreciar del mundo que nos rodea, por estar detrás de un monitor.. es un aspecto negativo.. pero el hecho de qué brinde la posibilidad de expresarse y difundirlo.. vale mucho.
    Es una herramienta más en la vida, y pienso que debemos utilizarla como tal. Los protagonistas de nuestras vidas somos nosotros, el tiempo vale mucho como para desperdiciarlo y la vida es una sola.

  2. eugetas dijo:

    Como bien dijiste, esclavizarnos a esto es voluntario, probablemente los que no poseen algún objeto portátil, ya sea celular notebook o tablet, puedan darse cuenta cuan bien se puede disfrutar de la vida sin estar conectados la mayor parte del tiempo, o escaparse unos días o unas vacaciones y estar “incomunicado” de las redes sociales. Cada cual utiliza estos nuevos medios de modo que mas le gustan, los que pretenden enviar un mensaje a la sociedad, los que simplemente lo hacen por aburrimiento o los que piensan que sin ellas sos un pelotudo fuera de la onda, solo hay que saber en que posición esta cada uno y admitirla.

  3. Marco Antonio dijo:

    Lo más importante de todo esto es justamente lo que decís, el tomar consciencia y saberse reconocer en el lugar en el que estamos todos, en menor o mayor medida (todos haciendo referencia a toda persona que viva más o menos en sociedad). Lamentablemente la facilidad e instantaneidad que tiene internet, como máxima cualidad positiva es también la peor de todas. Porque esta instantaneidad, transitoria, cambiante, y efímera se traspola a otros aspectos de la vida, terminando en la generación de muchos vínculos intra-personales que tienen el mismo valor que un par de clics. Por eso lo bueno es entenderlo y decidir hasta dónde uno llega, porque después de todo el ser humano vivió millones de años sin internet.

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